Abro la ventana.

Abro la ventana de mi cuarto para que entre la luz, toda la luz... 

Estoy acá, y lo siento, y siento todas las cosas que forman este momento. 
Es lo que queda cuando la noche se hizo día, cuando las lagrimas, 
las risas y la locura se desvanecieron. 
Es mirarse al espejo y reconocerse de la manera mas sincera.

Me paso algo esta noche, vi el rimel corrido de lagrimas, vi la sonrisa complice y vivi el abrazo mas honesto en mucho tiempo 
(aunque claramente un abrazo es algo que no tiene comparación). 
Estuve en otras resacas que no eran mías, y se me antojaron muy tristes, 
de pasto crecido y sin saber si había amor.

Pero también vi lo que queda en mi amanecer, y me hizo sonreir. 
Vi a mi familia, vi a mis amigos, vi una mujer hermosa, y me vi a mi, desnudo, 
me vi transparente...

Sentí la luz pasar a través mio, y me reconoci en una flor. 
No vivo sino por los demás, al final del dia solo queremos ser amados.


By Nico Santos.
- Gracias por compartir -

Poesía vertical siete.

Cuando se ha puesto una vez el pie del otro lado

y se puede sin embargo volver,
ya nunca más se pisará como antes
y poco a poco se irá pisando de este lado el otro lado.

Es el aprendizaje
que se convierte en lo aprendido,
el pleno aprendizaje
que después no se resigna
a que todo lo demás,
sobre todo el amor,
no haga lo mismo.

El otro lado es el mayor contagio.
Hasta los mismos ojos cambian de color
y adquieren el tono transparente de las fábulas.


(Roberto Juarroz)

Soneto XXIV.

Amor, amor, las nubes a la torre del cielo 
subieron como triunfantes lavanderas, 
y todo ardió en azul, todo fue estrella: 
el mar, la nave, el día se desterraron juntos. 

Ven a ver los cerezos del agua constelada 
y la clave redonda del rápido universo, 
ven a tocar el fuego del azul instantáneo, 
ven antes de que sus pétalos se consuman. 

No hay aquí sino luz, cantidades, racimos, 
espacio abierto por las virtudes del viento 
hasta entregar los últimos secretos de la espuma. 

Y entre tantos azules celestes, sumergidos, 
se pierden nuestros ojos adivinando apenas 
los poderes del aire, las llaves submarinas.
(Pablo Neruda)